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Oct. 29
Oct. 10

 La sirena que quiso volar

 

En el canto mítico de los mares se dejaba ver entre sus olas danzantes,

parecía una invitación a la pasión de quien le miraba,

se sucedía de repente su emerger de entre el azul del agua, cual si fuera una extensión de esta hecha elipsoide.

 ¡Yo nunca la vi!. Me lo contó un señor en mi infancia, solía decir:

¡Mira siempre que una ola levantaba más de seis metros era porque seguramente saldría!

Su cola era como de cuatro metros, de un verde oscuro pero con destellos dorados que empañaban

y que se podían ver reflejados en el horizonte como un beso del sol al mar.

Recuerdo que solía preguntarle, ¿salía de noche?

Y él movía su cabeza en desapruebo. Luego decía; ¡en los largos días de verano salía hasta tres veces!

La acompañaban muchos delfines en una orden perfecta de movimientos sincronizados,

con sus cantos alternados.

¿Pero y que paso, murió?

¡No, no murió solo se fue una noche con miles de estrellas!

¡Cuentan los que ven más allá de la oscuridad que se acerco demasiado a la orilla

y que quedo varada entre arena y marea!

¿Pero qué paso?

Nada un ángel vino y le llevo con él a los cielos, la cargaba de estrella a estrella y le hacía el amor cada noche,

 hasta que nació una sirena que si podía volar y fue el reflejo de su madre en un sueño de tener alas.

 

(de la Red)

 

BESOS para que no te falten

Sept. 15

 

 

Soy viento, intangible.

 No puedes verme,

soy invisible a los ojos humanos que miran sin ver.

Pero no para tu piel,

ni para tu alma.

Puedes abrazar mi esencia

y respirar mi perfume a flores,

a sal, a vida.

No me pidas que olvide lo que soy.

Solo una brisa veraniega,

una mariposa efímera,

que sueña que vive... y vive en un sueño.

Mi amor te acompaña, te envuelve.

Pero no intentes poseerlo,

no intentes conquistarlo y guardarlo para ti,

para beber de él a voluntad.

Sería como pretender cambiar el curso del un rio.

No luches, acéptame así.

Juntos podríamos hacer magia,

volar entre la inmensidad

de la noche y capturar miles de estrellas.

Recoger flores de rincones perdidos,

ayudar a las ninfas a llenar de vida el bosque.

No me pidas que baje a la tierra.

Mi espíritu es el viento,

nunca podrías tomarlo con tus manos.

Criatura de ensoñación

conocerme es una irreal fantasía.

Te regalo noches de eternos sabores prohibidos,

A veces locura,

otras veces la paz de solo ser.

Mi amor se expande libre por el universo,

¿cómo atarlo?

déjalo volar.

¿ves? puedo llegar muy alto,

pero sigo estando contigo.

No en la tierra,

no en la cotidianidad,

sino en tus sueños, que son los míos.

Seremos como los niños entonces.

Jugaremos a ser mayores,

pero sin preocuparnos.

Corretearemos por el mundo y haremos travesuras.

Cierra los ojos.

Tu corazón ya ve.

 

(Naya de Amor)

 

BESOS para que no te falten

Sept. 6

 

Imagen

En la estación de Los Sentires, dicen que aparecen trenes inesperados,

provenientes de destinos no señalados en el panel de las llegadas y que son trenes repentinos,

que aparecen en instantes menos esperados, repletos de soñadores

que vienen de un enigmático lugar costero llamado Silencio

y que son jóvenes de ambos sexos, marineros de las ilusiones, que llegan en busca de vida.

Allí, en la estación de Los Sentires, hay múltiples esquinas que, ahora, a comienzos del invierno,

se impregnan de vaho, de aromas perdidos y reencontrados, de humedad vegetal, de blanca neblina

donde se escucha el gorjeo de las palomas, los ruiseñores, las alondras y los mirlos

alrededor de una fuente dorada a donde acuden a beber ángeles de plata.

En una de esas esquinas, adornada de claras farolas encendidas rezumando diálogos con la luna,

en un asiento a la intemperie, Elisa piensa y medita, sin que apenas se dé cuenta del paso del tiempo,

mientras construye numerosos barquitos de papel con folios en blanco.

Ella no es consciente de la otra esquina, la que está junto al café de los transeúntes,

en donde un escritor de barba larga se enfrenta con el folio en blanco y comienza a escribir:

“¡Destellos de luna sobre los rieles!”

A lo lejos oigo el murmullo de una cabalgata consistente.

¿Será el tren de los soñadores que está llegando para paliar el desánimo?.

“¡Destellos de luna sobre este café que me baila en los sentidos!”.

Elisa construye barquitos de papel a los que va poniendo nombres.

Y, de pronto, llega el alba y la luz del sol enciende la estación de Los Sentires donde, ¡sorpresa!,

hay miles de esquinas ocupadas por miles de jóvenes que están construyendo barquitos de papel.

Algunos de ellos escriben poemas en sus folios blancos.

Y hay uno, delgado y con cara de melancolía, que fabrica pajaritas...

mientras más allá, a lo lejos, se oye ya claramente el ruido de las bielas.

Es el tren de los soñadores que está cerca de hacer su entrada en la estación de Los Sentires.

Se escucha, en este intervalo, una canción tan inesperada como el amanecer.

Alguien se acerca a Elisa interesado en comprarle el barquito de papel que tiene por nombre Fantasía.

Elisa sonríe y se lo regala.

Un blanco diálogo escribe, mientras tanto, el escritor en su folio:

- Vengo a decirte que dentro de ti está la luz.

- ¿Y quién eres tú?.

- Un ángel de plata que bebe todas las noches de la fuente donde gorjean los pajaritos.

Elisa pone el último nombre a su último barquito de papel.

Es un nombre tan inesperado como el tren. Pero igual de soñador.

El último barquito de papel se llama Convicción.

Mientras tanto ya todos los jóvenes de las múltiples esquinas de la estación están en plena euforia

de construir barquitos, escribir poemas y hay uno que hasta fabrica pajaritas.

Después, Elisa se levanta reposadamente y se marcha a paso lento hacia el andén.

Imagen

(By diesel)

 

 

BESOS para que no te falten

 

July 12